lunes, 26 de noviembre de 2007

ARRIBES DE DUERO

Por las comarcas zamoranas de Aliste y Sayago


Con ocasión de un viaje que hice por la zona de Sanabria, con visita al Lago y a la Puebla, ambos lugares interesantísimos y ya de vuelta, vi en la guía de Anaya, que siempre me acompaña en mis viajes, un lugar que me llamó la atención y del que no había tenido noticias hasta entonces, llamado Arribes de Duero, que de forma intencionada escribo sin artículo y es porque no se ponen de acuerdo en el género entre las dos provincias en las que se encuentran. Salamanca los considera femeninos y Zamora masculinos.
Planteé visitarlos el día del regreso y fue aceptado por mis acompañantes (esto no es novedad porque, son tan buenos compañeros de viaje que, aceptan todo lo que les propongo).
Salimos de buena mañana hacia la Puebla de Sanabria, desde la casa donde estuvimos pasando la semana y allí tomamos la autovía A-52, dirección León; seguimos adelante hasta un desvío a la derecha, por la N-631, dirección Zamora. A unos 4 Kms tomamos otro desvío a la derecha por la Z-912, dirección Alcañices.


Alcañices, es una pequeña localidad que en 1210 fué cedida a los templarios y en la Edad Media estuvo protegida por una recia muralla, de la que quedan algunos cubos de piedra y uno de ellos es la torre del Reloj

En sus empinadas y a veces porticadas calles pueden verse algunas casas de buena factura, aunque el monumento civil más importante es el palacio de los Marqueses de Alcañices, de sencilla fachada blasonada y anexionada a él la recien restaurada iglesia de la Asunción, que conserva una bella portada del románico tardío y diversos elemento góticos.
También es digna de mención la iglesia renacentista que perteneció a un ya desaparecido convento de franciscanos.
Puede considerarse la capital de la comarca del Campo de Aliste.
Por cierto que allí compramos unos chorizos de la tierra que resultaron buenísimos



Desde allí seguimos por la N-122 hacia Zamora, por la comarca de Aliste hasta un desvío por la carretera que lleva a Ledesma la Z-311.

Pronto a la derecha giramos hacia Villadiergua de la Ribera, desde donde pueden verse los Arribes zamoranos (aquí son machos).


Antes de llegar cruzamos el río por el Puente Pino, una construcción de hierro de primeros del siglo XX que une las comarcas del Aliste y Sayago en un impresionante y silencioso paraje.


Pasamos el pueblo, pequeño, pero con mucha historia. Parece que su origen es anterior a la invasión romana. Testigo de ello es la celebre mula que se exhibe al lado de la iglesia y que en realidad se trata de un verraco de la II Edad del Hierro, hallado en el cercano castro de San Mamed. También se encuentran algunas estelas romanas empotradas en los muros y casas de la localidad.



Seguimos buscando, ya por caminos de tierras el mirador que nos permitiera ver nuestro objetivo.
No sin esfuerzo, llegamos a un lugar, que por allí llaman La Peña Redonda, donde dejamos el coche y ya pie a tierra nos acercamos y quedamos maravillados de lo que se presentaba ante nuestros ojos: un cañón profundísimo, excavado por el río Duero, fronterizo con Portugal, poblado de espesa vegetación en ambas orillas y los buitres sobrevolando nuestras cabezas. Allí estuvimos parados hasta que nos llenamos del paisaje y debo decir que creo que lo visto mereció la pena. Estando allí mirando vimos pasar un barco por el río, que por aquí se encuentra embalsado. Luego supimos que se pueden hacer cruceros desde varios puntos

Repuestos de la agradable impresión, deshicimos el camino y nos dirigimos a otro punto de observación de este paraje que, no he dicho hasta ahora, tiene más de 100 Kms, de longitud.
Nos dirijimos al pueblo cercano de Fariza. Allí de nuevo pudimos ver la grandiosidad de la naturaleza, desde un mirador natural situado en las afueras del pueblo, rodeados de enebros y al lado de la ermita de la Virgen del Castillo, muy celebrada, con una romería el primer domingo de Junio.
El día y el lugar invitaban a quedarse, pero había que seguir. No obstante y como era hora de comer sacamos los bocadillos que habíamos preparado y los tomamos en el atrio de la ermita, con lo cual alargamos la estancia. Alrededor de la esta había numerosos cuadros sembrados con lirios y no nos pudimos resistir a “robar” unas cuantas cebollas, que hoy tengo plantadas en mi jardín.
Desde allí, después de disfrutar del relato de un lugareño, que nos contaba como de niño y antes de que el río estuviese embalsado lo cruzaban con cuerdas y pasaban a Portugal, en la otra orilla, continuamos hacia Fornillos de Fermoselle.

Pronto llegamos Fermoselle, pueblo situado en plenos Arribes, en un altozano de laderas trabajadas en bancales, sembradas de viñedos, frutales y olivos.
A lo largo de la historia ha sido un lugar aprovechado, por su situación estratégica, como refugio en caso de peligro.
El destruido castillo que coronaba la villa fue el último baluarte del Obispo Acuña en la guerra de los Comuneros.
Su trazado urbano remite a un pasado medieval del que se conser­van aún algunas puertas como la del Arco. Tam­bién la plaza mayor posee un gran encanto y constituye el centro de la vida de este pueblo.


Conserva su iglesia parroquial del siglo XIII, con portadas románicas, aunque renovada en su inte­rior en el siglo XVI, así como dos ermitas y varios cruceros.
Recientemente ha sido restaurado también el convento de San Francisco, de 1730.


Las fiestas tienen lugar en agosto, cuando se celebran los encierros de toros en la plaza mayor y el 8 de septiembre que festeja a su patrona Nuestra Señora de la Bandera.
En la gastronomía local hay que destacar los vinos de los Arribes sustentados en la variedad de uva autóctona Juan García, que en las terrazas bien soleadas están a salvo de los vientos y bajas temperaturas. El aceite es otro pro­ducto del lugar.
No lejos de aquí existe también un buen mirador de los Arribes, que no visitamos por falta de tiempo.



Con esto dimos por terminada nuestra visita, aunque prometemos volver para verlos desde algunos de los barcos que surcan las aguas, entre la distintas presas. Existen embarcaderos tanto en España como en Portugal .


Si estais interesados en estos cruceros os recomiendo entrar en internet y allí encontrareis información detallada con horarios y precios de distintas empresas y los distintos embarcaderos disponibles.Os incluyo a modo de ejemplo la información de una de las empresas.


"Desde 1995 la empresa, El Corazón de las Arribes S.L. comenzó la aventura de navegar en uno de los rincones más agrestes, vírgenes e inaccesibles del cauce del Duero, en el corazón de las Arribes (aquí son hembras).
La posibilidad de ofrecer al turista este privilegio, ha supuesto todo un reto.
Navegar por las apacibles aguas del Duero, observando el majestuoso vuelo de joyas aladas como la cigüeña negra y el aguila real en su habitat natural, es una experiencia única."














jueves, 22 de noviembre de 2007

EL VALLE DEL SILENCIO

Un paseo por la "Tebaida Leonesa"


El paseo por el que hoy os quiero llevar lo conocí hace poco más de un año, con ocasión de un viaje que hicimos al Bierzo. Yo supe del lugar hace como 3 ó 4 años. Me hablaron de la zona unas compañeras y amigas de Chary, quienes al decirles que íbamos a conocer León y su provincia me dijeron: no dejéis de ir al Valle del Silencio. Nunca había oído hablar del sitio por lo que en cuanto pude me metí en internet, para investigar y ahí quedó la cosa. Por fin hice ese viaje a León, que llevaba aplazando varias veces y en un precioso pueblo, cercano a los Arribes de Duero (de este lugar también os hablaré pronto), Fermoselle, husmeando entre las guías de la zona ví un librito, editado por la Diputación de León y escrito por David Gustavo López, titulado, precisamente, Valle del Silencio. Me lo traje conmigo y empecé a hojearlo y a sentir unas enormes ganas de ir a conocer la zona y por fin lo hice. Lo que pude ver era todavía mejor que lo que había leído.
El autentico valle del Silencio se encuentra justo al final del viaje que os voy a contar, es una impresionante hondonada entre dos grandes montes que pertenecen al macizo de los Montes Aquilanos.

Para recorrerlo salimos una mañana temprano, con un precioso día de otoño en dirección a Ponferrada, desde la casita rural donde nos alojábamos, no muy lejos. Como no conocíamos esta ciudad y aprovechando que era domingo, paramos a conocerla y oír misa en la Basílica de la Virgen de la Encina, patrona del Bierzo, hermoso templo de estilo renacentista, de finales del siglo XVI.
Quizá lo más impresionante de esta ciudad sea su castillo templario, que en tiempos fue convento-fortaleza de la Orden, en la actualidad bastante ruinoso, aunque por lo que vimos en fase de rehabilitación.
También son destacables algunas casonas nobiliarias, de las que destaca la llamada casa de los Escudos, hoy Museo de la Radio, promovido por Luis del Olmo, hijo insigne de Ponferrrada.



Desde allí y en dirección sur tras atravesar el puente sobre el rio Boeza, nos adentramos por la carretera comarcal que conduce a San Esteban de Valdueza (valle del Oza). Cuando llegamos a San Esteban, después de subir un fuerte repecho, nos encontramos con el río Oza, que aquí se remansa y por el que seguiremos subiendo en busca de nuestro destino: Peñalba de Santiago.


A tres kms nos encontramos a orillas del arroyo del mismo nombre: Villanueva, quizás el pueblo más importante del valle, en la actualidad.



Pero volvemos al valle del Oza para continuar nuestro camino, que ahora se convierte como dice David Gustavo en el libro que antes os mencionaba en “armoniosa sinfonía de luz y color, en un deleite para los sentidos: rumor de aguas, verdes prados, solitarios caseríos, tamizados rayos de sol que se filtran a traves de frondosas arboledas de chopos, castaños y nogales…¡Explosión de naturaleza comprimida entre las romas cumbres de los montes Aquilanos!”

Siguiendo camino pasamos por Valdefrancos encajonado a las orillas del río y llegamos a San Clemente, pueblo algo fantasma, de casas de piedra que nos evocan otros tiempos y en el que se destaca su Iglesia con una curiosa hornacina en su espadaña que alberga a un extraño Cristo, esculpido en piedra.
A partir de San Clemente el camino sigue discurriendo entre frondosos bosques de viejos castaños que presentan sus impresionantes troncos retorcidos como testigos de un tiempo que en aquellos parajes parece haberse detenido hace muchos siglos. Junto a los bosques surgen hermosas praderas verdes a orillas de un turbulento río Oza que se desliza bajo sencillos puentes y que no hace tanto tiempo empleaba su fuerza para mover las turbinas de los muchos molinos que en la zona hubo y que hoy abandonados se resisten a morir.
Siguiendo nuestra ruta, subimos por un camino siempre serpenteante que nos lleva primero a San Pedro de Montes, en el que ahora no entramos y por fin a nuestro principal objetivo Santiago de Peñalba, con los valles de Friguera y Silencio al fondo que nos recibe con una estampa de colores que tan solo la naturaleza es capaz de proporcionarnos.

Hemos llegado al corazón de la “Tebaida leonesa”. Allí nace el Oza y es el lugar donde en los siglos IX y X resurge una intensa vida eremítica llevada de la mano de un hombre santo: Genadio, obispo de Astorga.
En el lugar donde dejamos el coche pudimos contemplar un espectáculo inolvidable y difícilmente igualable. A los valles, ya comentados acompañan una serie de montañas, todas de altitud superior a los 2000 m, así pudimos ver los macizos marmóreos de La silla de la Yegua, las Berdianas y Pico Tuerto, acompañados de Pico Cueto, la Cruz del Pico o Fraga.

Después entramos en el pueblo. Las casas de piedra gris y lajas de pizarra dan la sensación de que no se despegan de la tierra. Una calle llena de balcones a la entrada y las pocas gentes que allí habitan (alrededor de 20 personas en la actualidad) parecen que se detuvieron en la época medieval



De aquella época era el Monasterio que San Genadio funda, siguiendo los pasos de otro Santo de la zona, el visigodo San Fructuoso, fundador del Monasterio de San Pedro de Montes, del que luego hablaremos. Del monasterio de Peñalba solo queda su iglesia, hoy convertida en iglesia parroquial, un bello ejemplar de iglesia mozárabe y que suponemos que dirigió algunos de los monjes que acompañaron a Genadio en su retiró, procedente del Califato de Córdoba, donde su vida religiosa no era fácil



Destaca sobretodo la elegante puerta con dos arcos gemelos apoyados en tres columnas de mármol rematadas con capiteles mozárabes.



Es una iglesia pequeña de 18 m de larga por 5 de ancha, con planta de cruz latina, gracias a la adición de dos capillas laterales de menor altura que la nave central.
En el interior la nave central se divide en dos tramos separados por un gran arco de herradura. La cubierta se hace con arco de medio punto y sobre el crucero lleva una cúpula octogonal, apoyada sobre 4 arcos. El ábside es al exterior plano e interiormente con arco de herradura. El contrábside es interiomente semicircular.




Los muros son de mampostería con contrafuertes de refuerzos en el exterior. Los adornos son flores, o la rueda helicoidal ambos típicos en la construcciones visigóticas y que en cualquier caso son reminiscencias célticas.


Tras pasear el pueblo y puesto que era hora de comer decidimos acercarnos al pueblo de San Pedro de Montes, ya que en Peñalba no había donde comer.
Deshicimos parte del camino y al llegar al desvío tomamos un corto tramo de carretera que nos acercaba a San Pedro.



Allí nos recibió el imponente monasterio, que aunque en estado ruinoso parece que empieza a ser restaurado. Este Monasterio se fundó en el siglo VII y fue su fundador San Fructuoso, como ya dije, discípulo de San Isidoro, que años mas tarde sería nombrado obispo. Era de familia noble, hijo de un duque y militar de Toledo, a quien su vocación religiosa lleva a retirarse y dedicarse a la oración.


Funda en Compludo un Monasterio, pero es tal su fama de santidad que se ve requerido contantemente para sanar de alma y cuerpo a gentes llegadas de distintos rincones. Todo ello lo distrae de la oración y es por lo que decide retirarse a la soledad del valle y fundar este monasterio.


Dado que está restaurándose solo pudimos verlo por fuera que a pesar de su abandono impresiona, dada su magnitud.


Tras la comida paseamos el pueblo que se alza por encima del conjunto monástico, lleno de casas de piedras en su mayor parte cerradas, aunque según nos dijo un lugareña las están comprando gentes que viven en grandes ciudades y las están acondicionando para vivirlas en época de vacaciones.






















Tras el paseo regresamos por el mismo camino hacia Ponferrada, aunque antes de llegar nos paramos a ver la iglesia de Santa María de Vizbayo, en un barrio de esta ciudad, una de las construcciones románicas más antiguas del Bierzo (siglo XI)
















martes, 20 de noviembre de 2007

EL SILENCIO DE LAS VIEJAS MONTAÑAS

LA SIERRA DE LOS ANCARES

La propuesta de hoy es un viaje por una zona que conocemos de oído, pero pocos son los que la conocen físicamente. Os animo a visitarla, pues cuando yo lo hice, hace un par de años quedé impresionado por la exuberancia de la naturaleza, manifestada en sus bosques, el silencio y la sencillez de la vida en la zona.


Puente sobre el rio Navia

Hay que pensar que se trata de una zona, en general mal comunicada, que ha vivido durante siglos aislada, con una economía de subsistencia y una relación con el exterior casi nula.
Esta sierra abarca las provincias de Lugo y León y pueden visitarse en un día, si se quiere, entrando por una provincia y saliendo por otra. Yo os recomiendo y así lo veis en mi propuesta dividirla en dos visitas, una a Lugo y otra a León. Ello nos permitirá disfrutar del paisaje, ver con detalle los pueblitos que vamos pasando y por qué no decirlo, ya que las carreteras son estrechas y sinuosas, evitar mareos y accidentes en nuestras prisas por verlo todo. La de hoy corresponde a la de Lugo.

Conjunto de Pallozas, hoy convertidas en museo
Quiero deciros que este y muchos viajes de los que hago los preparo con unas guías para mi muy buenas como son las GUIA TOTAL de Anaya. De la correspondiente a Galicia he tomado buena parte de la información que incluyo en el relato.
El macizo de Los Ancares, prolongación de la Cordillera Cantábrica, pero con un relieve más antiguo, suave y ero­sionado tiene su techo en los montes Cuiña (1.987 m), Mustallar (1.924 m), pico de Lan­za (1.876 m), Penalonga (1.870 m), Corno Maldito (1.847 m) y Penarrubia (1.821 m).

En las cumbres predominan el monte bajo de brezales o uceiras y los piornales; en las laderas, los robles, castaños, tejos y pinos de repoblación (pino carrasco); los frondosos valles cuentan con álamos, fresnos, abe­dules, sauces, alisos y avellanos. Aunque no tan abundantes como antaño, también vemos los arán­danos, el serbal y el protegido acebo.
El principal bosque de An­cares está en Suarbol (vertiente leonesa).

Interior de una Palloza, hasta hace poco habitada
En la fauna montesa están pre­sentes ciervos, corzos, gamos, jabalíes, zorros, ardillas, jinetas, garduñas, martas, tejones, 31 tipos de anfibios y reptiles, azores, ga­vilanes, cernícalos, buhos reales, mochuelos y perdices. Los uro­gallos, símbolo de Los Ancares, son en la actualidad tan escasos que casi se les conoce por su nom­bre propio.

Ancares fue hasta hace poco un mundo rural arcaico de costum­bres enquistadas; la singular arquitectura de las pallozas refleja a la perfección dichos modos.
Palloza o pallaza (León) es el nom­bre que reciben unas achaparra­das construcciones circulares u ovales con techo cónico de paja. Sus muros de piedra esquistosa, con refuerzos de granito en los escasos vanos, en ciertas partes no levantan más de 1 m del suelo; ello, unido a la forma aerodinámica de la cubierta impermeable (el colmo o paja de piorno, brezo y centeno es cosido con veos de retamas) y a la oportuna orienta­ción en relación a los vientos domi­nantes, evita las corrientes de aire y guarda el calor; un esteo o pie derecho sostiene el techo.
En el sombrío interior, dividido por tablas de madera, compartían el espa­cio hombres y animales, gene­rando estos últimos una rudimen­taria calefacción natural.
En el invierno la lumbre permanecía siempre encendida, y era creen­cia arraigada que daba mala suerte apagarla.

Hoy no quedan ni la mitad de las pallozas que había hace cien años, y resulta sorprendente el dato de que hasta 1992 aún existiese una habitada.

Piornedo y O Cebreiro tienen las agrupaciones mejor con­servadas, que recuerdan los castros prerromanos, aunque en rea­lidad no estamos sino ante la pervivencia de formas antiguas bien adaptadas a las condiciones de la montaña.
En las aldeas, cerradas en sí mis­mas para protegerse del frío y los vientos, surgen los hórreos de tipo astúr con techos de paja o pizarra, caja de madera sin corredores y pies de piedra. Es la despensa múl­tiple donde se guarda el grano y curan los jamones y embutidos.
La albariza, o agrupación de colme­nas rodeada por un muro, es visi­ble en las laderas. La especifici­dad del polen de la montaña hace que su miel sea muy apreciada.
Las vacas en el interior de la palloza convivían con los humanos.
(Actualmente las crían en el interior a oscuras para acelerar su engorde)
RUTA PROPUESTA

En Becerrea (N VI) salimos por la carretera que conduce a Navia de Suarna. Desde Liber, a 9 km, se puede ascender hasta Los Ancares por el estrecho valle de los ríos Cervantes y Cancelada, con inicio de trayecto en Pontes de Gatín (puente medieval) y lle­gada a la campa da Braña, pero nosotros seguiremos el camino más corto y hermoso en panorámicas: aquel que arranca 1 km después, también a la derecha, y cruza San Román de Cervantes.
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Por estas tierras tuvo casa el linaje de los Saavedra, lo cual, unido al topónimo Cervantes en alusión a los ciervos, ha hecho afirmar a algunos que la familia de Don Miguel de Cervantes era natural de estos pagos, algo que el gran escri­tor siempre ocultaría por tenerlo a menos; sólo en El Quijote, un cautivo, que ha sido identificado con el autor, dice haber nacido en los "montes de León".
Superado San Román, el camino se empina ha­cia Degrada, pasan­do antes por el gran pinar de Sete Carballos(1.268 m). Al fondo se ven las cumbres que sirven de frontera entre Galicia y León.
En la Campa da Braña* (1.365 m) confluye la carretera LU 723. Éste es un lugar idóneo para emprender reco­rridos a pie hasta la campa de Brego (refugio), a la cumbre de Tres Bispos*, donde a 1.792 m se unen los obispados de Astorga, Lugo y Oviedo, y a los montes Penarrubla, Corno Maldito y Mustallar.

Si avanzamos por el desgastado altiplano con aspecto mesetario, pronto nos topamos con el albergue de montaña del Club Ancares, asen­tado a 1.400 m en la campa de Fieiro.

Camino de Piornedo, vemos el desvío a la campa de Barreiro (20 minutos a pie), lugar en el que cada tercer domingo de julio se celebra la popular y concurrida Festa Monteira de Ancares. Es costumbre beber tres veces en la fonte dos Namorados para garantizar el matrimonio en los próximos dos años.
El valle del Ortigal, Vilarello y Donís (casatorre e iglesia) nos condu­cen a Piornedo**, a 19 km de la Campa da Braña, pomposamente anunciado como "poblado prerromano".
Su conjunto histórico-etnológico es único por la presencia de varias pallozas, una de ellas convertida en un pequeño museo (aperos de labranza, trampas para la caza, etc.).
Desde aquí podemos practicar el senderismo hasta el herbal de Chao Grande, la campa de Campo Redondo y el monte Mustallar.
Un hórreo para conservación del grano
La carretera que desciende al Bierzo pasa por Suarbol* (pallozas), puntode partida adecuado para ascender al Cuiña*; otra sigue el valle del Ser hasta la Pobra de Navia.
Restos del castro prerromano
Para salir de Los Ancares regresamos a la campa da Braña y nos dirigimos a Ambasmestas (N VI) por Cela y Doiras.
En esta última localidad se conserva un castillo roquero con airosa torre del homenaje.

Una leyenda cuenta como cierta doncella había desaparecido de la fortaleza sin dejar rastro.
Tiempo después, su hermano salió de caza y dio muerte a una cierva; como no pudo entonces cargarla, le cortó una pata y se la llevó en señal.
Pero al llegar a casa y abrir el zurrón, no halló sino una blanca mano de mujer con el anillo de su añorada hermana en un dedo.
En el lugar donde había dejado la presa encontró su cuerpo mutilado: algún maleficio la había convertido en cervatilla.
























lunes, 19 de noviembre de 2007

FOTOS ANTIGUAS DE MALAGA

Ahí van algunas fotos curiosas de la zona del Palo y la Caleta, que han llegado a mi poder. No tienen mucha calidad y no sé como se verán, pero con lo que vosotros imagineis, pueden ser interesantes. Los Baños del Carmen. Al fondo una laguna que al parecer hubo en tiempos.
Estación del Palo



Choza de Pescadores en el Palo


Fuente en las 4 esquinas


Los campos de deportes del Colegio de San Estanislao y el colegio en primer plano. Los campos son hoy los bloques de Echevarría


El paseo de Reding, a la altura de la Escuela de Turismo


El tren que iba de Málaga a Vélez


La playa de los Baños del Carmen
Este primer edificio es el que hay frente al paseo del Miramar, hoy propiedad de Cajamar .Todavía no se había iniciado el Paseo Marítimo








domingo, 18 de noviembre de 2007

IGLESIA MOZÁRABE DE SANTA MARÍA DE LEBEÑA

UNA TUMBA PARA SANTO TORIBIO
.Situada junto al Desfiladero de la Hermida, a 8 Kms de Potes, en Cantabria, la iglesia de Sta. Mª de Lebeña es la mejor muestra de arquitectura mozárabe de la región.
Para llegar a ella, salimos de Potes, dirección San Vicente de la Barquera. Ello nos va a llevar hacia el espectacular desfiladero de la Hermida. Pues bien como decía a unos 8 Kms de la partida y a mano derecha debemos encontrar un indicativo que nos guía hacia esta iglesia, escondida entre vegetación. Cuidado porque no se ve desde la carretrera y hay riesgo de pasarse de largo.
ORIGEN
"En nombre de Dios. Sea notorio y manifiesto que yo el conde Alfonso y mi esposa, la condesa Justa, edificamos la iglesia de Santa María de Lebeña para trasladar el cuerpo de Santo Toribio a ella y mis siervos lo tomen y entierren, y como lo hubiesen tomado para enterrar, fui castigado por el juicio divino y quede ciego hasta el presente, y mis soldados, que eran inocentes, al empezar a cavar con azadas quedaron también ciegos.
Entonces ofrecí mi cuerpo y todo cuanto tengo en Liébana a Santo Toribio y a ti, abad Opila, y a los clérigos que allí sirven a Dios...
Este texto, recogido en el Cartulario del Monasterio de Santo Toribio de Liébana y fechado en el año 925 (aunque parece ser una trascripción del s. XIII) nos relata el origen de este monumento, patrocinado por los condes de Liébana para depositar los restos de Santo Toribio, desde el monasterio cercano de San Martín de Turieno (hoy Santo Toribio) donde se encontraban. Tras perder la vista -por no ser del agrado del santo- volvieron a recuperarla cuando desistieron de su empeño y dieron sus heredades al citado monasterio. Dos siglos más tarde, en 1187 el rey castellano Alfonso VIII donó la iglesia de Lebeña al abad del monasterio benedictino de San Salvador de Oña, aunque el propio rey desconocía cómo había llegado a ser de su propiedad. Es posible que al haber sido una fundación condal, en algún momento hubiese pasado a la corona. Sin embargo, desde el siglo XI y hasta el siglo XVI en que se convierte en parroquia, cae junto con sus pertenencias, bajo la dependencia del abad de Santo Toribio. Los monjes cobraban las rentas de esta iglesia y poseían abundantes propiedades en el pueblo. Muchos vecinos de Lebeña donaban tierras al cenobio para la salvación de sus almas. Otros arrendaban o intercambiaban campos y sobre todo viñas, que constituían una de las principales riquezas agrícolas de la comarca. En el siglo XVI (al menos desde 1510) comienzan a surgir pleitos a causa de que los vecinos de Lebeña no reconocían el señorío del prior y se negaban a pagar los diezmos al Monasterio. Con el tiempo acaban desligándose del mismo y consiguen la creación de una parroquia autónoma, que ha perdurado hasta nuestros días.