jueves, 7 de febrero de 2008

EL CERRO DE SAN ANTON



EL PEÑÓN DE BUENAVISTA

Hoy quiero daros información del Cerro de San Antón, concretamente datos históricos relacionados con él, aprovechando que obran en mi poder dos publicaciones que hablan del mismo.

Se trata de una, llamada: “Por los caminos del monte de San Antón” de mis amigos Fernández Sanmartín, Valero y otros, editada por Airon y otra, titulada “El Valle de las Viñas de Miraflores del Palo”, publicada por la Diputación de Málaga, hace ya algunos años y cuyos autores son Joaquin Ruano y José A. Barberá.
Gracias a todos ellos por escribir de nuestro querido Monte o Cerro de San Antón que es como siempre le hemos llamado.


HISTORIA
La referencia histórica más antigua que poseemos del Cerro de San Antón está fechada en el IV milenio (hace entre 6.000 y 5.000 años).
En las cuevas, más bien grietas entre las calizas, de la cumbre Oeste, se encontraron varios vasos de ofrendas junto a utensilios de piedra al lado de restos humanos. De donde se deduce el uso funerario de esta cueva o grieta.

Los restos de muretes de piedra (posibles viviendas rectangulares, cuadradas y algunas circulares), restos de cerámica y acumulación de cantos de la cima Oeste, evidencian la existencia de un poblado medieval. Probablemente el pozo o mina de agua situado en el collado entre las dos cumbres sea de la misma época.


Ya en el siglo XV es preciso citar la batalla del Jaboneros que nos relata Guillen Robles.

Al parecer, Pedro Enríquez que era el Adelantado de Andalucía, Juan de Silva, Conde de Cifuentes, y el Alcaide de Antequera, Alonso de Aguilar, decidieron dirigir una cabalgada al interior del territorio malagueño.
Se invitó también al Maestre de Santiago, Alonso de Cárdenas, a Juan de Robles, Alcaide y Corregidor de Jerez, al Marqués de Cádiz, y a otros muchos caballeros, juntándose todos con sus huestes en Antequera (que entonces, 1483, era cristiana).
En total unos tres mil caballeros y unos mil infantes, lo que es una fuerza considerable para la época.

 

El Marqués de Cádiz propuso que se dirigieran hacia la zona de Almogía, por donde el paso de las huestes sería fácil y la caballería podría evolucionar desahogadamente, y además la riqueza agraria y pecuaria de la zona ofrecía un rico botín.

Pero el Maestre de Santiago propuso la zona de la Axarquía que creía de fácil tránsito y en la que había riquísimas manufacturas de sedería.
El Marqués de Cádiz adujo que la tierra de la Axarquía era áspera y montuosa y que la caballería no podría luchar en aquellos escarpados lugares, faltando además la infantería que defendiera a los jinetes. Pero la codicia de los caballeros que pensaban encontrar grandes tesoros en aquellos ignotos parajes pudo más.
En la mañana del jueves 20 de marzo de 1483, los expedicionarios partieron de Antequera y nada más entrar en la Axarquía encontraron cerros y colinas escarpados, grandes pendientes, sendas que se abrían sobre profundas hondonadas, tajos, barrancos y cañadas llenas de zarzales y otros arbustos espinosos. bosques de encinas y de monte bajo muy espeso que dificultaba la marcha cansando a los infantes y desesperando a los jinetes.
Al fin la vanguardia llegó a una aldea, Moclinejo, cuyos habitantes desaparecieron entre breñas y jarales, llamando a gritos a sus vecinos y haciendo cundir la alarma. La aldea ardió por los cuatro costados, despechados los cristianos por no haber encontrado botín apreciable.

 

Pronto los moradores de la zona, al ser incendiadas sus casas, perseguidas sus familias y amenazadas de ruina sus posesiones, por tener al enemigo en casa, se dirigieron a los cerros haciendo fuegos de aviso.
En poco tiempo, por las trochas, entre los jarales del monte, saltando de peña en peña y penetrando por las cañadas, tomaron los pasos por donde tenían que desembocar los cristianos. Caía la tarde y la hueste cristiana caminaba trabajosamente luchando con los obstáculos y escabrosidades del terreno, cuando un confuso griterío enardeció los ecos de cerros y colinas.
Empezaron a caer grandes peñascos, troncos de árboles y una nube de saetas dirigidas contra los expedicionarios. Se produjo una gran confusión, caballos heridos por los dardos y espantados por el rodar de las peñas y el griterío de los moros, descabalgaban a los jinetes. La noche vino a aumentar la angustiosa congoja de soldados y caballeros.

 

El Marqués de Cádiz con cincuenta caballeros quedó aislado y se puso en fuga atravesando veredas escarpadas, bajando y subiendo cerros. Cansados, tristes, angustiados por la suerte de sus infelices compañeros de armas consiguieron llegar hasta Antequera.


 
En la tarde de ese mismo día los centinelas y vigías de Málaga dieron en la ciudad la voz de alarma pues unos cuantos jóvenes cristianos habían dejado atrás su hueste y desde la Axarquía, con temerario valor, se presentaron en la capital dando una vuelta alrededor de sus muros.
El anciano sultán de Málaga, Muley Hacen, se reunió con sus cortesanos para organizar la ayuda. Salieron parte de las guarniciones de la Alcazaba y Gibralfaro man-dadas por Reduan Venegas hacia la zona de la cuesta de La Reina y las restantes fuerzas, al mando de El Zagal, fueron por la orilla del Jaboneros
Angustiosa fue la noche para los cristianos. Los que se habían desbandado para saquear e incendiar consiguieron unirse de nuevo a la hueste. Los capitanes comprendieron que no había medio humano de continuar la empresa y decidieron abandonarla, volviendo a través de las fragosidades por las que habían venido.

 

Así, el viernes día de San Benito, al quebrar los primeros albores, las mesnadas se pusieron en marcha por las lomas del Arroyo Jaboneros. Entonces vieron llegar tropas moras bien armadas y organizadas.

Una nube de flechas y venablos aclaraba las filas cristianas y los peñascos arrastraban a los precipicios a caballos y jinetes. El espanto quebrantó las reglas del honor y la disciplina, jefes y soldados se desbandaron, unos huyendo, otros ocultándose entre el matorral o en las hendiduras de las rocas, precipitándose varios por los barrancos, todos en confusión, ciegos y desesperados.
El Maestre de Santiago, rodeado de algunos caballeros, tomó una cuesta arriba desesperadamente. En ella murieron Diego Becerro, Alférez de la Orden de Santiago, Juan de Osorio, Juan de Bazán y otros muchos caballeros. Al fin, galopando entre muertos y heridos el Maestre pudo ponerse a salvo.

 
Algunos otros caballeros que se salvaron tomaron la vía de Alora. Los que se dirigieron hacia el mar cayeron junto a Cútar en manos del Zagal.

 
En las lomas la carnicería fue espantosa, los moros bajaban desde las alturas asaeteando a los fugitivos, alanceando a los rezagados, tomando como cautivos a los que creían principales y buscando a los que se habían escondido. Don Diego, Don Lope y Don Beltrán Ponce de León, hermanos del Marqués de Cádiz murieron. Gómez Méndez de Sotomayor, Alcaide de Utrera, Alfonso de las Casas y otros muchos caballeros de la baja Andalucía quedaron muertos en las lomas de Málaga, una de las cuales se llamó desde entonces “de la matanza”.
Actualmente llamamos Cerro de la Matanza, al pico que tenemos al Norte del San Antón, en la margen derecha del Jaboneros, con un perfil claramente cónico.
El Conde de Cifuentes fue capturado por Reduan Venegas y llevado como prisionero a Málaga. De los mesnaderos y de la gente que había seguido a los cristianos más con ánimo de robar que de combatir, la mayoría fueron degollados.
La batalla de la Axarquía, o de las Lomas de Málaga, o del Jaboneros, costó a los cristianos ochocientos muertos, mil quinientos prisioneros, entre ellos cuatrocientas personas de cuenta y la pérdida de la caballería, armas y pertrechos de guerra.

 
Málaga se vistió de fiesta. Niños, ancianos, nobles, plebeyos, moros y judíos, corrieron a las murallas. Por todas partes se veían rostros alegres que se congratulaban de la buena nueva y por todas partes se oía aclamar a los vencedores. El estandarte de la Orden de Santiago y el del Marqués de Cádiz, pasaban por las calles.

 
El terrible Conde de Cifuentes y sus caballeros, severos, altivos, sombríos, manchadas de sangre las vestiduras, subían a la Alcazaba cautivos, sin haber podido saquear la Axarquía.
Hasta aquí el resumen de la batalla. Hemos tratado de conservar en lo posible la terminología y el estilo de Guillen Robles.


 
Cuatro años después, en 1487, se produjo la conquista de Málaga por los Reyes Católicos. En 1496, cuando se estaba realizando el repartimiento de tierras, el Repartidor de Málaga, Bachiller Juan Alonso Serrano, recibió la petición de unos frailes para fundar una ermita (“desierto” era la palabra utilizada) donde retirarse como ermitaños, en el Cerro de Bueñavista.
El citado Bachiller hizo donación del sitio en nombre de los Reyes Católicos, concediéndoles cien fanegas (unas sesenta hectáreas) de tierra útil en las cercanías para que las cultivasen. A los ermitaños Fray Antonio y Fray Marcos se les pone como condición la de no poder vender ni enajenar dichas tierras. En los Libros de Repartimientos consta que había un casa y una huerta que habían pertenecido a un musulmán expulsado o cautivo. Los frailes dieron a la ermita el nombre de San Antón, en honor de San Antonio Abad (250-356) padre de todos los ermitaños, y por esta razón con el tiempo el nombre de Cerro o Peña de Buenavista pasase a ser de San Antón.

 
La ermita se llamaba de Santa María de Buenavista, imagen que hoy preside el altar mayor. La ermita sufre toda una serie de avalares a lo largo de los siglos, siendo ocupada por clérigos y frailes de diferentes órdenes.
En 1743 se realizó el deslinde de la propiedad por el canónigo de la Catedral de Málaga Don Leonardo Urtusastegui y el amojonamiento realizado se ha conservado hasta que la finca se ha vendido por parcelas.
El canónigo citado ordenó la realización de la mina que abasteciera de agua a la ermita y a la huerta. Puede verse el pequeño edificio, conocido como mina del Obispo, en la calle Palmeras, detrás de la ermita.

 

Fernando VI en 1753 cedió toda la heredad en beneficio del Hospital de San Lázaro y el Prepósito de San Felipe Neri solicitó la donación, obligándose a pagar 72 ducados anuales al citado Hospital de leprosos. Se hicieron doce cuevas con sus huertecillos para otros tantos ermitaños y el Racionero de la Catedral, Antonio Aznar, construyó junto a la ermita una vivienda en la pudiese retirarse a descansar.


Los bienes de San Felipe Neri, desamortizados en 1836, pasan a manos privadas (algunos posteriormente donados al Instituto de calle Gaona) y esa es la situación actual. La ermita está bien conservada. La escultura de San Antón sentado, se encuentra desde 1962 en el Museo de Bellas Artes de Málaga. Se atribuye a Fernando Ortiz (siglo XVIII).

Hasta los años sesenta los paleños subían en romería el 17 de Enero, fiesta de San Antón.

Llevaban una tarima donde se bailaban verdiales, la gente se dispersaba por la pradera entre los árboles y comía de fiambre. Actualmente la romería se hace a la parte Oeste del monte, a la zona del Lagarillo Blanco.

Hay que mencionar también las excursiones que en 1837 hizo Edmond Boissier, botánico suizo que describió el pinsapo, probablemente dirigido al San Antón por Pablo Prolongo y Félix Haenseloer. Decía Boissier: Otra excursión, aún más interesante, y que hice en varías ocasiones, es la del cerro, o pico de San Antón...







sábado, 2 de febrero de 2008

EL BOSQUE DE MUNIELLOS

TRAS LAS HUELLAS DEL OSO IBÉRICO
Hoy quiero llevaros a un paraje especial donde estuve el año pasado y que representa el bosque asturiano mejor conservado. Es complicada su visita porque el número de personas está limitado a 20 diarias y se necesita permiso para acceder, pero con todo merece la pena la molestia porque al que le guste la naturaleza disfrutará paseando entre robles, hayas, avellanos…

Puede dosificar el paseo sin problema y llevarse la comida para tomarla junto al río, bajo los árboles o al sol, según las épocas.

En fin, animaros que ya veréis que no defrauda.

Como de costumbre os doy las claves para llegar y tramitar los permisos.




SITUACION GEOGRÁFICA. MORFOLOGÍA

La Reserva Natural Integral de Muniellos se localiza en el extremo suroccidental de Asturias, sobre los cordales que separan los concejos de Ibias y Cangas del Narcea. La actual Reserva incluye tres montes el de Valdebois, el de Muniellos y el de La Viliella, todos ellos declarados de Utilidad Pública. El primero se sitúa íntegramente en el Concejo de Ibias y los otros dos en el de Cangas del Narcea.

El acceso principal al área se realiza desde la Carretera Comarcal AS-211, que enlaza con la Carretera Regional AS-15 a la altura de Ventanueva y se dirige por el Puerto del Connio a San Antolín de Ibias. (Hay un indicativo a Muniellos)

A 3 km escasos de Ventanueva se sitúa la localidad de Moal, de donde parte un camino carretero, a la izquierda, que en poco más de cuatro kilómetros lleva a Tablizas, punto de entrada al Centro de Recepción del Bosque de Muniellos.

Si venimos de Cangas del Narcea se toma la carretera AS 15 hasta Ventanueva


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Como ya he dicho, el acceso a la Reserva es restringido y se limita a un número máximo de veinte visitantes diarios. La solicitud de visita debe hacerse ante la Consejería de Medio Ambiente, del gobierno del Principado

La dirección electrónica a donde puede hacerse toda la gestión de reserva “on line” es:


El camino a seguir dependerá de la situación ambiental de la reserva (estación del año, presencia de especies protegidas), de las condiciones atmosféricas del día y de las características del grupo.
En principio se realizará el itinerario de subida de Tablizas (600 m) por Fonculebrera a las lagunas (1600 m) en 3-4 horas; y bajada por sendero junto al arroyo La Candanosa. En cualquier caso se puede pasear por el Bosque, junto al río y después volver por el mismo lugar y es muy agradable y reconfortante y muy asequible para cualquier persona que le guste la naturaleza y quiera ver algo especial.



La velocidad de marcha debe ser moderada, compatible con la observación de los aspectos más relevantes de la Reserva.
Muniellos constituye un dominio geográfico aislado de su entorno por líneas de cumbres en torno a los 1.500 m.


El anfiteatro de Muniellos se organiza en tres valles principales el de La Candanosa o de las Lagunas, el de Las Gallegas o de Refuexo y el de La Zreizal o de Teixeirúa.
Los tres valles confluyen en el río Muniellos que, tras superar el angosto desfiladero de Tablizas, afluye al río Narcea.



A esos tres valles principales confluyen a la vez una multitud de regueros y arroyos (vallinas), tantos como días tiene el año, de acuerdo con un dicho popular.


El Monte de Valdebois se sitúa al noroeste del anterior e incluye la cabecera del río Aviouga, cauce que afluye al río Ibias muy cerca de la confluencia de éste con el Navia, que se produce ya en la provincia de Lugo.


Dicha cabecera no presenta una disposición tan cerrada como la del río Muniellos, abriéndose ampliamente al noroeste. Enclavada en el monte, se sitúa la pequeña aldea ibiense de Valdebois, con apenas doce habitantes.



Por último, el área de La Viliella se sitúa al sudeste de Muniellos e incluye las cabeceras de algunos de los arroyos que alimentan el río Ibias por su margen derecha.
Fuera de la Reserva pero casi sobre su límite se localiza la aldea de La Viliella (Cangas del Narcea), con una población residente de algo más de veinte personas.


LA FLORA
El Bosque de Muniellos es uno de los mejores y últimos representantes del bosque planocaducifolio, que antiguamente ocupaba amplias zonas de España.




El árbol dominante es el roble albar (Quercus petraea), aunque también abundan el roble rosado (especie autóctona en fase de investigación) y el rebollo (Quecus pyrenaica).



A partir de los 1.300 m el robledal es sustituido por abedulares (Betula pendula).



En los fondos de valle abundan avellanos, arces y fresnos. Mezcladas con los robles, en laderas y valles, existen pequeñas manchas de hayas que sólo en ocasiones forman rodales puros. Acebos, serbales, alisos, y tejos, completan las especies arbóreas de esta reserva.



En el sotobosque abundan arándanos, lúzulas, zarzas y gran número de helechos. Muniellos es rico en musgos, hepáticas y, especialmente, en líquenes, de los que probablemente existen más de 1.000 especies.

Además de los bosques descritos, Muniellos alberga singulares comunidades de turberas y áreas lacustres.

En la Reserva existen seis lagunas de origen glaciar: la de la Aveizuna, la de Penavelosa, y las cuatro que componen el grupo conocido como Las Lagunas: la Grande, la de La Isla, la Honda y la de La Peña. A ellas aparecen asociadas algunas comunidades vegetales acuáticas o anfibias y frecuentemente valiosas turberas de esfagnos o turberas planas.
Entre la flora protegida de Muniellos tienen especial relevancia el acebo (Ilex aquifolium) y el tejo (Taxus baccata), presentes en la mayor parte de los bosques de la región pero especialmente abundantes en algunos puntos de Muniellos, entre ellos las márgenes de la carretera del Puerto del Connio.


LA FAUNA

El alto grado de conservación de los montes de Muniellos lo convierten en un reducto de especial valor para la fauna, por estar presentes la mayor parte de las especies que pueblan la montaña cantábrica. La fauna vertebrada de Muniellos se compone actualmente de ciento sesenta especies entre las que destacan algunas que se han hecho extremadamente raras o se han extinguido en el resto del territorio.
Así ocurre con el oso pardo (Ursus arctos), el lobo (Canis lupus), el urogallo (Tetrao urogallus), el pico mediano (Dendrocopus medius) o el pico menor (Dendrocopus minor).




El pequeño tamaño de la Reserva de Muniellos hace que no se pueda considerar la presencia de una población de oso vinculada a ese territorio, pues el área de campeo de la especie excede los límites de la Reserva. Sin embargo, si se constata una presencia estable favorecida por las excepcionales condiciones de Muniellos como lugar de alimentación y refugio.
De lobo se constata la presencia habitual de dos o tres grupos familiares que predan mayoritariamente corzo y jabalí. La especie prefiere las áreas abiertas de matorral por encima del límite del bosque y especialmente, el monte más desarbolado de Valdebois.

El urogallo mantiene una población estable que utiliza cantaderos en los claros del robledal.



De entre los pícidos destacan por su rareza y bajo estado poblacional general los picos mediano y menor. El primero de ellos parecía mantener una importante población hace algunas decenas de años. Sin embargo, las últimas prospecciones no han arrojado resultados positivos.




De la gran fauna cinegética debe destacarse la presencia de jabalí (Sus scrofa), corzo (Capreolus capreolus) y rebeco (Rupicapra pyrenaica parva).




Los más abundantes son los que prefieren el medio forestal: jabalí y corzo. El rebeco ha sufrido una disminución notable en el occidente de la Cordillera Cantábrica en la primera mitad del siglo XX y en Muniellos actualmente se limita a una exigua población que probablemente no supere la media centena de ejemplares.



De las rapaces la más abundante es, sin duda, el ratonero común (Buteo buteo), pero no son raras otras de mayor interés por su estado poblacional más precario, caso del azor (Accipiter gentilis), el halcón abejero (Pernis apivorus), el gavilán (Accipiter nisus), el cernícalo (Falco tinnunculus), el aguilucho pálido (Circus cyaneus), etc.




El halcón peregrino (Falco peregrinus) y el águila real (Aquila chrysaetos) no llegan a nidificar en el ámbito de la Reserva y su presencia es sólo ocasional. Se tiene constancia de un intento baldío de nidificación de águila real en La Candanosa en el año 1992. Igual ocurre con las aves carroñeras: buitre leonado (Gyps fulvus) y alimoche (Neophron pernocterus), que sólo ocasionalmente sobrevuelan el área, extremadamente boscosa para sus necesidades de alimentación





¡¡¡¡ ESPERO QUE OS ANIME A VISITARLO!!!!






















lunes, 7 de enero de 2008

UN PASEO HASTA EL TAJO DE LA CAINA

La Sierra de la Nieves

Hoy os quiero llevar de paseo a un lugar muy bonito, agradable de pasear, original y con un punto de espectacularidad. Yo he estado un par de veces y siempre me han quedado ganas de volver.

La dificultad es mediana, pero se puede adaptar a las posibilidades del paseante, porque como la ida es relativamente cómoda, hasta el Tajo, el que no quiera aventuras puede volverse por el mismo sitio y si quiere más dureza puede volver bajando el valle, como indica el relato.


Tengo que decir que me han acompañado, personas de mi edad, no muy acostumbradas a paseos por el monte y fueron capaces de llegar hasta el final; cansados, eso si, pero orgullosos de haberlo hecho y felices por lo que vieron.

En total el recorrido propuesto tiene unos 7 Kms

Apuntes históricos de la zona

El Parque Natural de la Sierra de las Nieves ocupa una superficie de poco más de 16.000 hectáreas.
Constituye una de las zonas más interesantes de la Serranía de Ronda sobre todo por los bosques de pinsapos que resultan sorprendentes en estas latitudes (téngase en cuenta que los abetales más próximos se encuentran en los Pirineos).


El nombre de la sierra hace referencia según algunos a la industria de conservación de la nieve que al parecer funcionó hasta 1931. Se hacían unos “pozos de nieve” donde se almacenaba ésta después de las nevadas de primavera, se apisonaba y tapaba con matorrales y tierra para bajarla hasta Málaga y otros lugares en el verano. El transporte se hacía de noche y a lomos de mulo, envolviendo la nieve en paja fina que servía de aislante.
Sin embargo es probable que sea más propio llamarla “de las Nieves” (y no “de la Nieve”) pues es de las pocas que permanecen nevadas varios días al año y este panorama es visible desde muchos lugares de la provincia.
Las precipitaciones que recibe la sierra, alrededor de1.000 litros por metro cuadrado al año, se filtra entre las calizas y dan lugar a surgencias de agua que originan ríos como el Turón (al Norte) que después de pasar por El Burgo forma el embalse del Conde de Guadalhorce, antes de desembocar en el río del mismo nombre. Al Sur el río Grande tras pasar por Tolox desemboca igualmente en el Guadalhorce. También al Sur de la Sierra nace el río Verde que origina el embalse de la Concepción cerca de Istán.

El nombre del itinerario lo da un profundo tajo que es el límite entre Tolox y Yunquera. Según la leyenda, una señora de nombre Caína y escandaloso comportamiento fue condenada por la Inquisición a ser quemada. Sin embargo, después de un largo proceso se decidió que una mujer cuyo nombre era el femenino de Caín, primer asesino bíblico, no podía ser ajusticiada de forma vulgar. El alto clero propuso que fuera despeñada por un tajo para escarmiento y enseñanza de los habitantes de Tolox y Yunquera.
Por eso el límite municipal de ambos pueblos se conoce como Tajo de la Caína.

Cómo llegar

Se sale para, desde Málaga, hacia Yunquera por la Autovía de Campanillas. A la altura de Cártama se toma dirección Coin, por la A-355. Pasado Coín se sigue por la N-366 hacia Alozaina y desde aquí a Yunquera. No es necesario entrar en el pueblo. Siguiendo por la misma carretera, dirección El Burgo y pasada la Torre Vigía, en el Km. 34,5 encontramos a nuestra izquierda una torreta de piedra que pone “Camino forestal a la Sierra de las Nieves” y al lado el cartel de la AMA (Cuidado porque no está muy claro en esta dirección, ya que el cartel se lee bien si vienes del Burgo, pero no al revés). Como referencia podemos tomar una gasolinera que hay más o menos a esa altura.


Tomamos por este carril, pasamos por la “Cañada del tío Felipe” y el campo de fútbol y seguimos primero en pendiente suave que va aumentando. A unos 4 kms, encontramos el puesto de control y una portilla que después de una curva nos deja en una bifurcación. Tomamos el carril de la izquierda y a unos 2 kms, llegamos al punto de partida del paseo, donde podemos dejar los coches. El carril de tierra se hace largo por lo que recomiendo paciencia.

Este punto, donde termina el carril, es el Mirador de Luis Ceballos y no tiene pérdida. Antes habremos pasado entre los primeros pinsapos.

En total el carril tiene unos 6 kms.











Comenzamos la marcha por el camino que a la derecha comienza junto a un gran enebro, en dirección Noroeste, por la ladera de solana (que mira al Sur) (incluyo foto aclaratoria, donde se ve el panel que hay al empezar), que está poblada de enebro, romero, jara, gamones, matagallo, esparto y algunas encinas y pinos de Alepo.



Después de 500 m. de bajada, suave, llegamos a un arroyo y comienza una subida de unos 200 m. y bajada de otros 200 hasta el siguiente arroyo. A partir de aquí subimos por una ladera de umbría (que mira al Norte) poblada por un hermosísimo pinsapar con profusión de musgos, liqúenes, hongos, heléboros, torviscos, vistosas peonías en primavera y en los claros rosales.
La subida es dura pero corta (1 km escaso). Al final de ésta se llega a un punto (a 2 kms. escasos desde la salida) conocido por “llano de los gamones”, planta muy abundante llamada también “varita de San José”.


Desde los gamones, el camino sube suavemente entre grandes pinsapos hasta el borde del imponente Tajo de la Caína, distante poco más de medio kilómetro. Seguimos el camino y a unos 200 m. hay una gran cueva y poco después una fuente con un pilón.




Desde aquí la vista es magnífica, con la cañada al fondo y el Torrecilla al frente.

Volvemos hacia el tajo y el camino sube al Cerro del Tocón (encima de la fuente) por el borde del pinsapar. Después de 1 km. (desde la fuente) llegamos a una bifurcación de caminos, junto a un gran pinsapo de varios brazos (candelabro) al lado del cual pasa una pista que baja por el pinsapar llevándonos casi hasta el fondo del valle para llegar finalmente, después de unos 3,5 Kms, al punto de salida por el camino alto.


Flora y fauna.
El pinsapo, Abies pinsapo, fue descrito por primera vez por el botánico ginebrino Edmond Boissier en 1838, cuando realizaba estudios sobre la flora malagueña.
Había entablado amistad con los botánicos malagueños Félix Haenseler y Pablo Prolongo que le mostraron sus herbarios (en los cuales estaba el pinsapo) y le ayudaron en sus investigaciones

El pinsapo es, como hemos dicho, un abeto endémico de la Serranía de Ronda (Sierra de las Nieves, Sierra Bermeja, Sierra de Grazalema, etc.), de porte cónico, que puede alcanzar hasta 30 m., con hojas aciculares de unos 10 mm, dispuestas en las ramas radialmente y dando a éstas forma tubular.

Las piñas (flores) masculinas son de color rojizo y se disponen en las ramas bajas, siendo su tamaño 8-10 mm.


Las piñas (flores) femeninas son de unos 12 cm., color marrón claro (primero verdoso) y situadas en la parte alta del árbol, como en todos los abetos del mismo género, enhiestas (quizás por eso en algunas zonas las llaman “pichas de fraile”).


Las masculinas sólo pueden observarse en primavera, las femeninas persisten y van perdiendo sus escamas y semillas, pero no caen completas al suelo (como ocurre en el caso de los pinos).

El pinsapo es una reliquia de los bosques de la Era Terciaria con climas más fríos y húmedos, que queda por eso confinado a altitudes superiores a los 1.000 m. y en las laderas que miran al Norte (umbrías). Por “suerte” su madera no tiene mucho valor económico ni para construcción ni carboneo, y digo suerte porque me temo que en caso contrario el número de pinsapos sería exiguo.

El peligro de este pinsapar es por un lado los incendios producidos por malvados y desaprensivos y por otro un hongo que por ahora no ha sido posible combatir eficazmente. Los ejemplares que vemos secos son en su mayoría por su causa.

En la fauna de la Sierra lo más significativo es la cabra montes, muy fácil de observar, por supuesto si no se alborota mucho. Otras especies como el oso, el lobo o el quebrantahuesos han desaparecido. Así la última cita del oso es del año 1604. El último quebrantahuesos fue citado en 1921 y el último lobo en 1940.

En los cantiles del Tajo de la Caína hay una numerosa colonia de chovas piquirrojas. Son córvidos con el pico y las patas rojas.